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¿Cómo hacer que dejen de sonar en tu cabeza las canciones pegadizas?




Mujer mascando chicle
Mascar chicle no elimina por completo la canción pegadiza pero nos hace recordarla menos, dice el estudio.

Caminas hacia la parada del autobús y en tu cabeza Madonna canta: "Like a virgin... touched for the very first time...".

Mandíbulas en acción


Para ensayar la canción en tu cabeza, cuando intentas recordarla, utilizas muchos de los mismos sistemas que emplearías para prepararte para hablar y cantar y, si estás mascando chicle, usas en cambio esos sistemas para planificar los movimientos de tus mandíbulas
Phil Beaman, Universidad de Reading

Pero, ¿qué tiene esta acción de particular para ayudarnos a olvidar esta memoria involuntaria?
Lo que ocurre, le dice a BBC Mundo Phil Beaman, profesor de la Escuela de Psicología y Ciencias del Lenguaje de la Universidad de Reading y autor principal del estudio, es que "para ensayar la canción en tu cabeza, cuando intentas recordarla, utilizas muchos de los mismos sistemas que emplearías para prepararte para hablar y cantar y, si estás mascando chicle, usas en cambio esos sistemas para planificar los movimientos de tus mandíbulas".
"Al forzar a estas regiones a permanecer activas durante el acto de mascar chicle, están menos disponibles para apoyar la generación o el recuerdo de una melodía pegadiza", añade.

David Guetta
Uno de los temas que le hicieron escuchar a los participantes fue "Play Hard", de David Guetta.

En el experimento participaron alrededor de 100 personas a las que les hicieron escuchar dos temas: "Payphone", de Maroon 5 y "Play Hard", de David Guetta.
Luego, durante un período de tres minutos, se les pidió a los participantes que no piensen en las canciones que habían escuchado pero que apretasen un botón si volvían a recordarlas.
Cuando mascaron chicle, manifestaron pensar y "escuchar" la canción en menor medida que cuando no mascaban chicle o cuando ejercían la acción de golpetear los dedos contra la mesa.
En promedio, con el chicle, la melodía se repitió tres veces menos.
"Supongo que si masticas chicle en el momento que escuchas la canción, el efecto será similar", comenta Beaman.
Si bien esta acción es bastante específica -Beaman la eligió porque es una actividad común con la que la gente se puede identificar- el investigador aclara que otras acciones semejantes, que involucren actividad en la mandíbula y la lengua, como comer o hablar, pueden tener un efecto parecido.

Soluciones alternativas



Aunque el experimento se hizo con chicle, Beaman supone que otras actividades que involucre la mandíbula y la lengua pueden tener un efecto similar.

Más allá de que este simple truco pueda ayudarnos con las canciones que se nos quedan pegadas, los investigadores creen que este estudio puede abrir el camino para hallar metodologías para controlar otro tipo de pensamientos involuntarios -con consecuencas más negativas- en personas con condiciones psiquiátricas.
"Interferir con nuestro 'discurso interior' mediante una versión más sofisticada de la acción de masticar chicle puede funcionar en un sentido más amplio".
No obstante, Beaman aclara que aún hacen falta más estudios para evaluar si este tipo de metodologías pueden ser útiles para contrarrestar síntomas de conductas obsesivo-compulsivas u otros desórdenes similares.
Un estudio anterior, llevado a cabo por la Universidad Western Washington, en Estados Unidos, sugiere otra forma de acabar con el efecto molesto de las canciones pegadizas: resolver anagramas complejos.
Esto, dicen, puede ayudar a expulsar a la música invasora de nuestra memoria, reemplazándola con otros pensamientos más agradables. Si no cuentas con un libro de anagramas a mano, leer una novela puede cumplir la misma función.
El problema de esta aproximación, le dice Beaman a BBC Mundo, es que hay que calibrar la dificultad del anagrama: si es muy complejo nuestra mente puede distraerse y volver a la canción y si es muy simple no será suficiente para distraernos.
Otras soluciones (aunque no están científicamente probadas) según le sugirieron distintas personas a la psicóloga británica Vicky Williamson, quien recopiló información sobre cómo la gente lidia con el problema, podrían ser escuchar otras canciones, salir a correr o resolver un crucigrama.


La sorprendente capacidad de las hormigas ante la falta de gravedad

Hormigas

Las hormigas llevadas a la Estación Espacial Internacional pudieron trabajar en equipo pese a la falta de gravedad y a pesar de caerse de las paredes de sus contenedores.

La "búsqueda colectiva" se vio obstaculizada pero ocurrió de todos modos, explicaron los biólogos.
Estos insectos fueron enviados a la EEI en enero de 2014 para analizar cómo reaccionaban a las condiciones en el espacio exterior.

Por otra parte, añaden los científicos, mostraron una gran capacidad de recuperarse tras sucesivas caídas.
El objetivo del experimento consiste también en aprender de los métodos cooperativos de las hormigas y desarrollar algoritmos de búsqueda para grupos de robots.

Los resultados del experimento fueron publicados en la revista Frontiers in Ecology and Evolution.


Ambiente nuevo
Según le dijo  Deborah Gordon, autora del estudio, las hormigas han demostrado sus sorprendentes habilidades colectivas en una gran variedad de ambientes en la Tierra, pero los resultados obtenidos sobre su comportamiento en las condiciones de microgravedad de la EEI son algo nuevo.

"No teníamos idea de lo que harían. No sabíamos si iban a poder investigar o no", explica Gordon, bióloga de la Universidad de Stanford, en Estados Unidos.

A pesar de que tenían dificultades para mantener el contacto mientras se trasladaban, mostraron una "capacidad sorprendente" para volver a poner sus seis patas en el suelo.

"A veces se agarraban de otra hormiga y bajaban. Y otras veces lograban de alguna manera regresar a la superficie. Creo que la biomecánica de estas acciones son interesantes", dice Gordon.
Lea también: ¿Pesan todas las hormigas juntas más que toda la humanidad?

Hormigas en el aire

Hormigas

El equipo envió ocho colonias de hormigas de pavimento (Tetramorium caespitum) en cajas de plástico transparentes. Cada caja tenía un "nido" donde vivían los insectos.

Para empezar el experimento, retiraron una barrera que les permitía explorar una zona nueva. Después de unos minutos levantaron una segunda barrera, ampliando aún más el territorio.

En la Tierra se hicieron experimentos similares para comparar.

En la Tierra, el darles más espacio hizo que ajustaran sus recorridos y cubrieran un área mayor. Casi cada esquina del contenedor fue visitado por más de una hormiga cada cinco minutos.

En el espacio hicieron todo lo que pudieron para investigar y visitar las otras zonas como se esperaba, pero no fueron tan efectivas como sus pares en la Tierra, que gozaban de los beneficios de la gravedad.
Al luchar para mantener sus patas sobre la superficie de plástico, las hormigas no se recorrían el espacio de forma tan efectiva. Y algunas zonas nunca fueron visitadas por ellas.

Según Gordon, esto puede ser "en parte porque el esfuerzo para mantenerse hizo que se moviesen más lentamente y por eso no tuvieron la oportunidad de cubrir el terreno en profundidad"

Además, está el hecho de que las hormigas caían juntas, y quedaban suspendidas en el aire por períodos que podían durar entre tres y ocho segundos. Esto, interrumpía constantemente su recorrido.

Algoritmo

Astronauta de la NASA

Cuando estas hormigas dieron sus primeros pasos en el espacio estaban añadiendo un nuevo entorno a lo que ya es una lista larga. Solo que en este caso era un ambiente muy nuevo.

"No ha habido una gran evolución para modificar la búsqueda colectiva en la micrograevdad", comenta Gordon.

En la Tierra, en cambio, cada clima tiene al menos una de las 14.000 especies de hormiga.
En cada lugar evolucionaron distintas estrategias. Por ejemplo, las hormigas de pavimento europeas que fueron al espacio tienden a ir directamente a los límites del nuevo territorio, mientras que las hormigas argentinas tienden a recorrer nuevos lugares más lentamente y en mayor profundidad.

"Todas las hormigas deben hacer búsquedas colectivas y no sabemos por qué lo hacen. Puede que haya algoritmos interesantes para búsquedas colectivas que no hemos descubierto", explica Gordon.

Algoritmos como estos, dice, pueden ayudarnos a programar robots para buscar en grupo, sin necesidad de coordinarlos desde un centro de control.